14 de septiembre de 2015
San José conquistó el clásico barrial ante Estrellas de Juventud: en el Ricardo Infantino lo goleó por 4 a 1, una cifra que en buena medida argumenta los méritos del partido. En el complemento anotó todos sus goles (tres vía Matías Confalone), reduciendo a su rival a una expresión desesperada y sin tino.
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La palabra del domingo en el deporte argentino, precisamente en el fútbol, fue clásico. En Rosario, en La Plata, en Capital Federal y en Villa Fidelidad. Esa cita tan especial, tan insuflada desde los medios y, muchas veces, tan desperdiciada por los jugadores. Este clásico barrial, módico pero genuino y pasional, se jugó como se esperaba y tuvo en San José un merecido ganador, un equipo que, justamente, fue más equipo que Estrellas y lo terminó goleando. Por eso ahora, en este terruño del oeste azuleño, acá desde donde Azul se ve elevada, el viento hace ondear el rojo y azul y se canta la “Aurora” santa: “El barrio es del sanjo”.
El primer tiempo contó poquito y en esa escasez, San José metió más y mejores bocadillos. Le costó al clásico empezar, tensionar la cuerda de la disputa; un juego urgente, sin anclajes ni referencias, con una única misión básica: poner la pelota al otro lado del Ecuador de la cancha.
Mejor adaptado, comiéndole terreno a su rival, colocándolo en un rol pasivo, así construyó su supremacía SJ, con Solano como faro de su juego. Sin embargo, parecía inseguro en la resolución de los balones frontales que enviaba Estrellas (esto no terminó de corroer demasiado).
En el rojinegro (no hubo camiseta albirroja) la desconexión era moneda corriente; desde la zona defensiva surgían balones directos, sorteando la intervención de mediocampistas, a Pavone y Bogiorno, quienes no conseguían (merced a la naturaleza de ese juego) sostener la pelota en su poder y propiciar la salida del equipo.
Las diferencias que llevaron a considerar la injusticia por la no victoria parcial de San José (le anularon tres goles en el primer tiempo), en los últimos segmentos de la etapa se borraron casi por completo, la diáspora en el centro del campo dejó de tener un único patrón (Cristian Gómez tuvo su pequeño mejor momento en el cotejo). Pese a este nuevo escenario, Estrellas carecía todavía de relevancia ofensiva.
El complemento trajo al partido lo que su mitad antecesora había negado. Villar, que por fin comenzaba a materializar lo insinuado antes, desbordó por derecha hacia el punto penal para que Matías Confalone empujara al sin grandes resistencias de por medio.
¿Qué podía uno sospechar que sucedería en los próximos minutos? Una respuesta posible era el arrebato emocional de Estrellas como motor de la respuesta al tanto recibido. Bueno, si acaso eso estaba por nacer en el clásico, el segundo gol del sanjo lo abortó: una mala intervención de Mascaro sobre la izquierda, de nuevo Guillermo Villar (ya en un nivel muy desequilibrante) en acción, hermosa pared con Solano sobre la medialuna, pase del 7 hacia el centro y nuevo festejo de Confalone. El 11 santo coronaba acertadamente dos jugadas netas en tres minutos, pero era Villar el fabricante de esas ocasiones, el jugador más importante del partido.
Si bien surgieron aventuras personales, incluso efímeras sociedades, Estrellas fue comprobando su incapacidad para reaccionar, rotundamente, como colectivo. Su oponente había hallado su ardid ofensivo, un método que no podía ser neutralizado. Llegó el descuento –mediante un cabezazo de Zapata– y, al menos, lo que la visita logró fue plantearle algunas dudas al vencedor, recomendarle que no se afloje todavía.
Consumado el par de goles iniciales, San José minimizó el carácter y sus efectos con que había abordado el segundo tiempo; quizá por entender que se trataba de una ventaja suficiente, en parte también porque la herida de la derrota propulsó a Estrellas contra Natiello. Pero así como le generaba interrogantes negativos, el descuento rival parecía colaborar con SJ: es que al sentirse más cerca de la paridad, el elenco que dirige Balquinta agotaba esfuerzos por generar nuevas chances, y eso tenía como lógica contracara el desorden y los espacios defensivos, ante los cuales Villar se frotaba las manos y tomaba los cubiertos.
El cabezazo de Arnaldo Solano que devino en el tercer gol de San José agotó todo lo que aún estaba en pugna. Era el certificado de vencedor para la escuadra de Giobbi.
La superioridad del santo, nunca extrema pero sí clara y constante, es la que solventó sin discusiones el triunfo en el clásico barrial. Confalone quería un nuevo balón para uso hogareño y anotó su tercer gol, una vez más merced a una estupenda (también desde lo conceptual) acción de Villar, enésimo desborde por derecha.
Con goleada, tramos de juego efectivo y carácter, San José festejó la alegría de imponerse en el clásico ante Estrellas. Por unos cuantos días, para el sanjo el barrio se llama Villa Felicidad.
LA FIGURA 
Guillermo Villar
Parecerá injusto no destacar con esta opinión a Confalone, autor de tres tantos. Desde ya que el delantero merece el podio, pero lo de Guillermo Villar fue igual de fundamental. En la primera mitad no terminó de concretar lo insinuado (como todo San José), pero en la segunda parte, el número 7 abrió los caminos al triunfo. Por su velocidad, por su valentía y por la claridad de sus resoluciones, el santo pudo edificar la goleada.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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